El bazar de los horrores

El bazar de los horrores

Donde hasta la misma alma tiene un precio

FICS DE BLOODY ROAR EN FANFICTION.NET

HOLA a todos, bien antes que nada, gracias por molestarse en leer mis fics de bloody roar, les traigo la mala noticia de que he decidido dejar de publicarlos aqui, pero que estaran en fanfiction.net en la cuenta de arreint http://www.fanfiction.net/u/1870647/arreint, alli pueden comentar como anonimos si desean.

Algo acecha en el campo

 

Fue solo hace algunas semanas que los bultos de paja empezaban a alejarse de la casa.

 

 

Cada mañana cuando despertaba, cada bulto se movía algunos metros del lugar donde se encontraban. Asumía que eran bromistas con cierta capacidad intelectual y métodos de diversión limitados, así que lo ignore.

 

 

En pocos días, los bultos empezaban a alejarse hacia los límites de la granja. Estaba fastidiado del jueguito para ese entonces y decidí colocarlos en su lugar. Me tomó una tediosa hora ponerlos de nuevo en su lugar, cerca de la casa, y para ese entonces estaba listo para romperle el cuello a cualquier idiota que decidiera infortunarme de tal manera.

 

 

A la mañana siguiente, encontré a todos mis caballos decapitados... El olor fue lo que me despertó. Cada uno de ellos acostado de lado dentro su establo. No había señales de las cabezas.

 

 

Pasé el resto del día limpiando el desastre y enterrando los restos. Fue entonces, cuando noté que los bultos de paja habían regresado a sus posiciones del día anterior, esparcidos a los lejos, en los campos. Esta vez, los dejé en donde los encontré, resignado, sin darles mayor importancia a ellos sino a mis caballos. Sin duda, quien lo había echo debía pagar por tal aberración.

 

 

Esa noche, me senté en el porche con mi escopeta en mano, y una taza de café en la tabla a mi lado. Me senté por horas, fijando mis ojos en el campo para tratar de encontrar al tipo que movía mis bultos de paja.

 

 

Finalmente, empecé a quedarme dormido... Y me hubiese quedado dormido, a no ser porque en el momento en que mis ojos empezaban a cerrarse, escuche a los arboles del bosque cercano agitarse y estremecerse. Me levanté, con el corazón latiendo fuertemente; Caminé, con mi escopeta al frente.

 

 

Tenia que atrapar al bastardo. Esperé ansiosamente por cualquier persona que se acercara lo suficiente para sorprenderme o para yo sorprenderlo a él.

 

 

Fue entonces cuando algo se me acercó lo suficiente para poder yo distinguir su silueta en la oscuridad.

 

 

La cosa que asechaba en los bosques cercanos a mi granja, parecía no notar que yo estaba sentado cerca. Parecía acechar, encorvada con la postura de un ladrón de carteras. De no ser porque, aun encorvada, tenía unos 4 metros de alto, parecería frágil. Los delgados brazos y piernas, y su pecho emancipado, me recordaban a un animal muriendo de hambre.

 

 

Sin embargo, esta cosa era increíblemente fuerte, pues vi como cargaba un bulto de paja bajo cada uno de sus brazos con facilidad, y lo acomodaba con cuidado a lo lejos. La observe trabajar, moviendo cada uno de los bultos con cuidado. De vez en cuando se desencordaba para buscar por más bultos en el campo, antes de ajustar el bulto en el que trabajaba.

 

 

Antes de que decidiera retirarme, note que miraba a mi casa. Sentí sus ojos barrerme en la oscuridad, pero no estoy seguro de que me haya visto. Entonces, esa cosa giró sigilosamente y regresó por donde vino, a la oscuridad de los bosques.

 

 

Me tomó una hora antes de recuperar el valor para osar mover apenas un músculo nuevamente. Me metí a mi casa después de un tiempo, pero no dormí en esa noche.

 

 

Fue solo hasta que el sol salió, que me atreví a poner un pie fuera de mi porche hacia los campos. Los bultos de paja estaban donde los había dejado, esa cosa. Sin embargo, noté que esta vez no los había movido tan lejos como las noches anteriores; Parecían marcar una especie de línea. Y mientras caminaba alrededor de la casa, vi que formaban un distintivo círculo alrededor de mi casa, conmigo en el centro.

 

 

Me di cuenta que los bultos estaban formando una especie de frontera, como si esa cosa estuviera enviándome un mensaje. Pude dormir un poco esa noche, y solo porque estaba agotado.

 

 

La siguiente mañana, no hubo movimiento de los bultos. No se movieron para nada por el resto de la semana, de hecho. Estaban finalmente donde esa cosa quería que estuvieran.

 

 

Enfermé tratando de interpretarlos.

 

 

¿Por qué esa cosa habría invertido tanta energía moviendo bultos de paja, y amenazarme con tanta violencia en caso de que yo interfiriera?

 

 

Asesinar mis caballos fue solo eso: una amenaza. Una amenaza inteligente. Sabía que me asustaría, y sabía que entendería las implicaciones.

 

 

El sonido de un automóvil trabajando cerca del camino a mi granja, un mañana, me dio un golpe de emoción. Planeaba abandonar la granja desde que vi a la cosa, pero no podía irme a pie sin arriesgar a que me hiciera lo que le hizo a mis caballos.

 

 

Pero, si podía llegar al automóvil que se aproximaba, lo pararía sin importarme quien fuera, así tuviera que asaltarlos.

 

 

No tuve la oportunidad.

 

 

El carro avanzo lentamente por el camino. Le hice señales para que se apurara. Fue cuando pasó entre dos de los bultos de paja que estaban colocados en cada lado del camino, que escuché un estruendo en los bosques.

 

 

La cosa salió de repente de entre los árboles corriendo en sus cuatro flácidos y terribles miembros hacia el automóvil. En solo instantes, se lanzó al auto como un felino depredador; en segundos, estaba pelando la carrocería de metal del auto, tratando de llegar al conductor.

 

 

El hombre, quien haya sido, gritaba, mientras yo solo podía escuchar el crujido del metal y el romperse de lo vidrios. Fue entonces que la cosa lo aplasto en su mano, cuando dejó de gritar el hombre. Lo aventó, y se desencorvó para mirarme nuevamente.

 

 

A plena luz del sol, pude ver la falta de humanidad en ella. Estaba compuesta de algo asqueroso, terrible y... vivo, lo cual estaba pegado formando una burla del semblante humano.

 

 

La cosa se regresó a los bosques, y yo me no logré moverme, había presenciado algo que no pensaba hasta hace poco poder repetir, no podía quitar mis ojos del lugar donde mis esperanzas sucumbieron.

 

 

Mi ojos miraban a donde se encontraba el auto, con la maquina todavía trabajando, entre los dos bultos de paja. De repente, entendí. El mensaje era claro. Soy el prisionero de esta cosa. Y no se me permiten visitas. Nada podrá cruzar las fronteras que me impuso.

 

 

Estoy atrapado aquí, por lo que acecha en los campos. Y no me pide nada excepto, que no puedo marcharme de aquí. Es su capricho, yo soy lo que quiere. Aun así, no creo soportar ser el canario de esa cosa.

 

 

He pensado mucho en los últimos días, desde que vi como aplastaba a ese hombre.

 

 

Si cruzo la frontera de bultos de paja, probablemente me hará lo mismo; Aplastará mi cráneo antes de que pueda poner mis manos para protegerme...

 

 

Después encontrara una nueva mascota que pueda quedarse quieta sabiendo que esa cosa está esperando afuera, observándola con esos grandes y brillantes ojos pero yo no puedo.

 

 

He estado pensando en los últimos días y...

 

voy a intentar escapar

 

 

 

 

 

FUENTE

http://creepypastas.com/lo-acecha-en-los-campos.html

 

AUTOR: DESCONOCIDO

La pulsera negra

 

En algunos hospitales de Estados Unidos, cada vez que un paciente llega, colocan en su muñeca una pulsera de color blanco donde ponen el nombre del paciente para poder identificarlo.

 

Pero hay pulseras de otros colores, que indican cada una, cosas diferentes, por ejemplo la pulsera que se ocupa en el caso de fallecer un paciente es de color negro.

 

Cuenta la leyenda, que en un viejo hospital de Dakota del Norte, un joven médico que estaba de interno, acaba de realizar una operación, pero esta había salido mal, y su paciente había fallecido, y el interno había tenido que colocar la pulsera negra sobre aquella mano muerta.

Era como un recordatorio de su fracaso.

 

Paso el día entre papeles y pacientes tratando de olvidar aquella pulsera negra, en la muñeca de la persona que no había podido salvar.

 

Al caer la noche el interno, agotado, se dirigió a su oficina, situada en el sexto piso del edificio.

 

Estaba devastado, había perdido la vida de una persona, sabía que no podía culparse, había hecho todo lo que estuvo a su alcance; Pero aún así estaba triste, desilusionado, decepcionado, y tales emociones no lo animaban a subir por las escaleras.

 

Se acerco a la puerta del elevador, y la abrió.

 

Él había estado en el segundo piso, por lo que no le sorprendió mucho ver a una mujer en el hueco del ascensor. Seguramente, pensó él interno, era una de las acompañantes de los pacientes, alguien que se quedaba toda la noche para cuidar de su convaleciente, y que por algún motivo había bajado, o que apenas había acababa de llegar.

 

"Se ve cansado" Dijo la mujer.

 

"Agobiado, diría yo"

 

Contestó el joven interno al tiempo en que miraba a los ojos de la mujer.

Era una mujer hermosa, alta, rubia, de piernas torneadas, buen cuerpo, aunque su rostro se veía demasiado pálido y sus labios, aunque carnosos, se veían secos.

 

"Seguramente sea el cansancio" Había pensado el médico, después de todo, no era extraño, el también estaba cansado, y sabía que su aspecto era mucho peor al de la mujer a su lado.

 

"Hace frió esta noche"

 

"Sí"

 

La plática se fue dando poco a poco, la mujer le preguntaba cosas sin importancia, y él contestaba tratando de parecer interesado, al menos tratando de no parecer grosero.

Cuando llegaron al cuarto piso, el hombre ya había recuperado un poco el ánimo, la mujer era simpática, y ofrecía una reluciente sonrisa que contagiaba su buen humor.

 

El interno se sorprendía por aquella personalidad, por aquella entereza.

 

¿Cómo alguien con un enfermo en el hospital podía ofrecer tan reluciente sonrisa?.

 

Llegaron al quinto piso, la mujer anunció que ella bajaba allí, y apretó el botón para abrir la puerta, que se abrió con un sonido susurrante.

 

Lo que el interno vio a continuación fue una sombra difusa que se acercaba a ellos; Cuando la mujer estaba a punto de salir, el hombre pudo apreciar bien la figura que se acercaba al elevador, y jalo a la hermosa mujer hacia atrás, y cerró la puerta. Inmediatamente después pulso el botón para subir al siguiente piso.

 

"¡¿Pero qué le pasa?! "Exclamo molesta la mujer "Esa señora quería subir..."

 

El joven le miro con asombro, sus manos le temblaban violentamente.

 

"Esa mujer" susurró. "La operaron hoy en la tarde, falleció... yo mismo puse la pulsera negra que llevaba en la muñeca, ¿no la vio?"

 

La mujer sonrió, y levanto su brazo derecho, que hasta ahora se había mantenido hacia el lado de la pared.

 

"¿Una pulsera como esta?"

 

Su sonrisa se ensancho cuando mostro al joven interno una pulsera negra, idéntica a las que le ponían a los fallecidos.

 

Un grito de terror puro se dejo escuchar por todo el complejo, el hombre cayó inconsciente.

Al día siguiente lo encontró el intendente, pero como el joven solo hablaba de fantasmas y de las pulseras negras, fue llevado a un psiquiatra, donde esperaban, se recuperase del trauma.

 

"Seguramente fue por la señora de la tarde, la que falleció en la operación"

 

Decían todos.

 

Pero nadie sospechaba la oscura realidad.

 

Un Relato de Hombres Lobo

ACEPTO QUE ESTE RELATO ES,,, MEDIOCRE, PERO LO COMPARTO CON USTEDES PARA QUE OUEDAN CALIFICARLO. Estábamos cercadas, no había forma de escapar de aquella trampa infernal. Diez horrendas criaturas de oscuro pelaje nos rodeaban, con sus ojos amarillos fijos en nosotras. Y yo que no creía en los hombres lobo, ahora iba a morir a manos de ellos. —Les quedaremos eternamente agradecidos niñas —Dijo Kenya, la que alguna vez fue mi mejor amiga, y que ahora nos entregaba a su manada del infierno. No pude evitar llorar, y abrazar a la pequeña Eleonor. —Sussan —Susurró mi nombre, mientras se abrazaba a mi cintura. Nadie podría imaginar la ira que sentí, al saber que no podía hacer ya nada por Eleonor, mi hermanita. La única de mi familia que seguía con vida. —Muchachos —Exclamo Kenya, y todos los lobos alrededor alzaron sus peludas cabezas —Disfruten la cena. Sin saber qué hacer, abrace a Eleonor, y cerré los ojos esperando el dolor y la muerte. Pude escuchar los gruñidos ansiosos de las bestias y sus enormes zarpas chocando contra la tierra. La muerte estaba cerca, podía sentirla. Pero entonces algo ocurrió, algo que ni en mis mas locos sueños hubiera imaginado. Justo cuando creí sentir el fétido aliento de uno de aquellos seres en mi rostro, un potente aullido resonó por el bosque, y las diez bestias a mi alrededor se detuvieron de súbito, dejando todo en completo silencio. Con el corazón lleno de angustia y temor me atreví a abrir los ojos, lo primero que vislumbre fue a Eleonor llorando, luego alce la vista para ver a mi alrededor. Lo que vi, aun me persigue en sueños, como una interminable pesadilla. Un gigantesco lobo, el más grande de entre aquel grupo, con un pelaje abundante y oscuro estaba en frente de nosotras, a unos diez metros quizás. Y a mi alrededor, los demás lobos de menor tamaño que aquel, parecían atemorizados. Los extraños ojos platinados de aquel enorme lobo se posaron por un segundo en los míos, y una sensación de pánico me invadió. Esos ojos se me hacían conocidos, eran como los de los chicos Luphin, que habían llegado un mes atrás al pueblo. El enorme lobo mostro los dientes, y los demás retrocedieron mientras el recién llegado se acercaba a nosotras. Comencé a rezar. Era lo único que podía hacer. —¡Vete de aquí forastero!— Le grito Kenya. Pero como respuesta, un segundo lobo de oscuro pelaje, y gran tamaño salto de entre las sombras. Escuche los gruñidos de los lobos de Kenya, parecían querer intimidar a los otros dos, pero no funcionaba, los recién llegados continuaban avanzando, y cuando estuvieron a menos de un metro de mi, se levantaron sobre sus patas traseras, y sus poderosos brazos quedaron a los costado de sus cuerpos. —No tengas miedo —Dijo uno de ellos, con una voz cavernosa que aun sigo escuchando por las noches. Luego los dos aullaron de nuevo y con un salto se perdieron de mi vista. Escuche los chillidos y los gritos desgarradores de Kenya. No quise voltearme a ver la masacre que seguramente se estaba llevando a cabo, y tampoco deje que Eleonor mirara, solo rece, la abrace con todas mis fuerzas, y rece. Rece con fervor esperando que aquella pesadilla terminara. Pero no fue así, de pronto, unos poderosos y peludos brazos me alzaron en vilo y un segundo par de garras me arrebato a mi hermanita. Estuve a punto de gritar, pero la enorme bestia comenzó a correr conmigo entre sus brazos. Fue entonces cuando mire su rostro, su enorme cabeza de lobo, con las orejas pegadas al cráneo. Trate de distinguir algo entre el oscuro bosque, pero la velocidad a la que corría la bestia me lo impedía. Entonces escuche el grito de Eleonor, y la sangre se me helo. —¡Mi hermana! —Grite, esperando que la bestia me escuchara, pero no hizo caso, solo siguió corriendo, hasta que llegamos al pueblo. Y ante la mirada atónita de todos los habitantes, el gigantesco licántropo me deposito en el suelo. Fue entonces cuando vi a Eleonor entre los brazos del otro lobo, que desafiante mostraba los dientes. —¡Dejadlas en paz! —Grito el sacerdote, llevando en alto la cruz. El lobo que me llevo, gruño, y el segundo dejo en el suelo a mi hermana… luego, como si nunca hubiesen estado allí, desaparecieron. Corriendo velozmente hacia el bosque. De inmediato fuimos llevadas a la iglesia, allí nos revisaron que no tuviéramos mordidas, o rasguños. Por suerte estábamos limpias, libres de toda maldición. ¿Pero que había hecho que aquellos lobos nos ayudaran?, ¿Y que había de los forasteros, los jóvenes Luphin?. Según me entere después, ambos se habían ido ese mismo día antes de que el sol saliera. Supongo que fue lo mejor, porque aunque la manda de lobos jamás volvió a atacar al pueblo, este a un ve con miedo y respeto al bosque.

UNA LEYENDA

Los extraños ojos grisáceos de la mujer se posaron en el pequeño cuerpo del niño que yacía inconsciente sobre el hielo. Quizás estuviese muerto, ella no estaba segura, pero tenía claro que su deber, era tratar de ayudarlo.

Se puso en cuclillas, y sus ojos examinaron el delgado cuerpo maltratado por las heladas corrientes de aquel inhóspito sitio.

Un movimiento apenas perceptible llamo la atención de la mujer, que de inmediato reparo en la leve respiración del muchacho.

Estas vivo

Una sonrisa cruzo por su rostro, al tiempo en que tomaba al pequeño entre sus brazos, y lo cubría con su capa de piel de venado. El cuerpo del niño dio un respingo.

-Eres extraño -Dijo para sí misma la mujer, mientras una helada corriente de aire golpeaba su rostro y alborotaba sus oscuros cabellos.

Dedico una última mirada a su entorno, un sitio abatido por la nieve y la muerte, todo lo que había era silencio y frio. No habiendo más cosas que recoger, o alguien más a quien ayudar, aferro el cuerpo del niño contra su pecho, y comenzó a caminar entre la espesa neblina, y la nieve.

***

 

Kiba despertó con la cabeza palpitándole dolorosamente, y el pecho oprimido, tenía frió y muchísima hambre. Con dificultad, logro incorporar su torso, descubriendo entonces que se hallaba recostado sobre un montón de hierbas y una cálida cobija de piel, a la cual se aferro con ambas manos, como si temiese que desapareciera en cualquier momento, mientras su cuerpo se estremecía por el frió.

Aclarándose un poco su vista, Kiba inspecciono su entorno. Estaba en un sitio hecho con madera, una cabaña presumiblemente, a su alrededor había cuatro paredes, y una puerta de color oscuro, con un desgastado picaporte plateado.

Un delicioso olor inundo sus sentidos, y su estomago comenzó a dolerle. Estaba hambriento, hacia días que no probaba bocado alguno, y a penas recordaba haber probado nada cuando había huido de la colonia destrozada por el ejercito de Imperio.

Sacudió su cabeza intentando alejar aquellos dolorosos y aterradores recuerdos, ahora tenía otros problemas en frente, uno de los cuales, era el de conseguir algo de comer, saber donde se encontraba, como había llegado hasta allí y si debía preocuparse por huir; Pues, hasta donde su memoria le permitía, el recordaba haberse desvanecido entre la nieve a causa del hambre, resignándose a una muerte lenta y solitaria.

Unos agiles pasos se escucharon detrás de las paredes. Kiba se puso tenso, y busco desesperadamente un arma.

No había nada, solo la cama de hierbas, la cobija, y una mullidla almohada de color crema. Un súbito sentimiento de desesperación le oprimió el pecho, estaba atrapado, e indefenso.

De nuevo escucho los pasos, rápidos y agiles, parecidos a los de los soldados que asesinaron a todos en la colonia. Un sudor frio bajo por su espalda, y sin apenas pensarlo se puso de pie, para descubrir con asombro y temor, que ya no llevaba puestos sus pantalones de mezclilla y su camiseta de manga larga, si no una especie de bata de baño, calientita y suave.

-¿Estas despierto? -Preguntó una mujer desde al otro lado de la puerta.

Se quedo helado, no sabía que decir o hacer, aquella persona podía ser cualquier cosa, incluso uno de los soldados asesinos de imperio.

Un nudo se formo en su garganta impidiéndole hablar.

-Calma chico -Susurro la extraña, -Soy amiga, te salve el pellejo allá afuera, ¿Dime, tienes hambre?

Kiba retrocedió hacia la cama, cuando de pronto su estomago gruño.

-Ya escucho que sí, mira ¿Por qué no sales y cenamos juntos?

Kiba dudo nuevamente, no podía confiarse de nadie.

-Mira chico, voy a entrar... ¿De acuerdo?

-No -Dijo Kiba algo inseguro. -No estoy... de acuerdo

-Escucha muchacho, tienes hambre y si no comes morirás, ¿Quieres eso?

Kiba dudó, él no quería la muerte, de eso estaba seguro; aún tenía que hallar a su madre y hacer pagar a Imperio por sus atrocidades. Pero por otro lado, estaba aquella misteriosa mujer de la cual no sabía nada.

-¿Cómo te llamas muchacho? -Aclamó ella interrumpiendo sus pensamientos.

-Kiba -Dijo en voz baja, -¿Y tú?

La mujer no contesto y eso lo hizo desconfiar más.

De inmediato trato de buscar un medio de escape, sin éxito alguno.

En ese momento la perilla de la puerta giro, y ahogando un grito, Kiba observo como la puerta se abría hacía adentro dejando al descubierto la silueta de una hermosa joven de cabellos oscuros, que sostenía un plato humeante.

Lentamente, la mujer accedió en la habitación y cerró la puerta con el talón.

Kiba le miraba asombrado, encantado por aquellos extraños ojos color acero y por aquella piel que parecía de porcelana y que tanto contraste hacía con los cabellos oscuros de la mujer, que seguramente no rebasaría los veintinueve años.

Luego su atención se fijo única y exclusivamente, en el objeto más preciado que pudiera haber existido, el plato humeante, que ella mantenía entre las manos.

El estomago de Kiba volvió a gruñir.

-Ten -Dijo mientras le ofrecía el plato.

El hambre pudo más que el miedo, y rápidamente Kiba tomo el plato de las manos de la joven, notando por fin el contenido de este; Un sabroso asado con papas, que devoro gustoso, con la ayuda de una cuchara de madera que venía en el plato.

Una vez acabo de comer, regreso el plato a la mujer, y con una inclinación de cabeza, le dio las gracias. Ella solo le dedico una sonrisa, y salió de la habitación, dejándolo de nuevo solo.

***

Después de adquirir el valor suficiente, Kiba salió de la habitación para dar las gracias a la mujer, y así poder salir de allí y proseguir su camino. Tenía que encontrar la región número uno y hallar a su madre, si es que aún seguía con vida.

 

La casa era de un solo piso, en frente de la habitación donde había estado Kiba se encontraban dos puertas más; hacía la derecha y la izquierda corría un pequeño pasillo, que por el lado izquierdo terminaba en una repisa de madera con muchas cosas sobre ella, y por el lado derecho estaba la sala de la casa.

Kiba se dirigió hacia la derecha, como él lo había pensado, allí estaba la sala de la casa, con una pequeña mesa de madera con tres sillas, un sillón viejo y desgastado, una chimenea ardiente que iluminaba toda la estancia y unas pequeñas lámparas eléctricas que estaban apagadas.

Justo al lado de la chimenea se hallaba otra habitación sin puerta, de donde provenía una tenue luz. Kiba supuso que la mujer debía encontrarse allí.

Indeciso Kiba se dirigió hacia aquella habitación; él quería salir de aquel sitio ya, y poder seguir con su camino, solo unos cuantos pasos le separaban de la puerta de salida, pero la obligación de tener que agradecer la comida le impedía salir por aquella puerta de color oscuro. Por fin se encontró en la entrada del cuarto.

-Hey, yo ... ya tengo que irme -Su voz reflejo a la perfección su estado de ánimo, siendo a penas más que un susurro, y poco menos entendible que un balbuceo.

-¿Perdona, dijiste algo chico? -La mujer se dirigió hacia él con las cejas levemente arqueadas, llevaba en las manos un gran plato de color café, y seguramente en su interior llevaba más asado.

A Kiba se le hizo agua la boca y su estomago volvió a gruñir delatándolo.

-Vaya -Dijo ella de forma amable y con una pequeña sonrisa en el rostro -¿Así que tienes hambre todavía?, bueno, vamos a sentarnos. Dime Kiba, ¿Te apetece algo caliente para beber?

-No -Se apresuro a decir el chico, aunque su estomago le indicaba que lo mejor era aceptar la oferta. -Yo debo irme a la región uno.

La mujer frunció más el entrecejo, pero sin decir nada se dirigió hacia la mesa de la otra habitación y deposito el plato humeante. Kiba se le quedo viendo, hasta que ella volvió hacia la cocina.

-¿La región uno?

Kiba asintió, aunque ella le daba la espalda.

-Busco a mi madre, veras, yo soy de la región número veinte...

-La conozco -Le interrumpió, -Es la colonia que fue -La mujer calló por unos segundos como sopesando sus palabras. -Que fue atacada por Imperio, ¿no es cierto?

-Así es

-Pero chico -Los ojos plateados de la mujer se posaron unos segundos sobre los de Kiba, pero después fueron desviados hacia la mesa. -Todos fueron eliminados, ¿Qué te hace creer que tu madre pueda seguir...?

No termino la frase, pero Kiba sabía muy bien lo que iba a decir.

-Realmente no lo se

La joven volvió a mirarlo directamente a los ojos.

Con gran esfuerzo, Kiba logro no derramar lagrimas. Era increíble, como un pequeño niño como él podía mostrarse valiente ante una situación como aquella, encontrándose solo, y sin la certeza de que su madre aún siguiera con vida.

-Eres muy valiente muchacho -Dijo ella, -Pero el valor no es lo único que se necesita, dime, ¿Por qué crees que, aun encontrando a tu madre, vas a poder hacer algo por ella?

Kiba se quedo boquiabierto, no sabía que responder, y la verdad era que tampoco había planeado que iba a hacer una vez hallara a su madre.

-Sobreviviste muchacho -Dijo ella de forma seria al tiempo en que se dirigía de nuevo hacía la sala. -Pero eso no es suficiente, te hace falta saber pelear.

En cuanto la mujer termino su frase, Kiba corrió tras de ella, para decirle que el ya sabía pelear, y cuidarse por sí mismo, después de todo, llevaba varios días en el desierto de hielo.

La mujer solo le sonrió, y le ofreció otro tazón de asado.

-Sabrás todo lo que quieras chico, pero aún no sabes todo lo que Imperio es capaz de hacer, y la fuerza que tiene.

Kiba gruño.

-Claro que lo sé, y además ¡¿Quién te crees tú para saberlo?!

-Te lo diré si tanto deseas saberlo -Le respondió la mujer mientras comía su asado. Dio unos sorbos, y luego continuo con una calma que a Kiba comenzaba a desesperarlo -Me llamaban cero, y fui parte de las líneas militares de imperio

-¡¿Qué?!

-Déjame continuar chicho, veras, en un principio Imperio comenzó como una importante compañía de armamento, yo me dedicaba a cuidar de sus instalaciones y secretos, hasta que un día comenzaron a introducir, o mejor dicho, nos dimos cuenta de sus verdaderos propósitos, el clásico control del mundo, a través de una raza creada por ellos, a su gusto y complacencia.

-No comprendo

Ella sonrió.

-Tranquilo muchacho, veras, Imperio trato de crear soldados perfectos, a los que nombro Homo Bestias, pero salieron... con algunos, digamos fallos. Atacaron a sus propios creadores, y aunque intentaron eliminarlos, algunos escaparon. Esto le brindo a Imperio la oportunidad para prestar sus servicios al gobierno, brindándoles protección, gran error, pues fue allí donde Imperio empezó a hacerse con el control de todo lo conocido.

-¿Y eso que tiene que ver? -Exclamo Kiba exasperado.

-Bueno, te diré que Imperio, ahora con todo su poder, trata de llevar a cabo sus experimentos fallidos, y crear una nueva raza de homo bestias, que gobernaran el mundo, para eso, destruye a los inadecuados, y busca gente apta para introducirles el virus, gen, o lo que sea que los haga Homo bestias.

-¿Dices que mi madre va a ser utilizada como conejillo de Indias?

La mujer asintió, para el horror de Kiba

-Con mayor razón debo ir a buscarla

-No sin preparación muchacho, mañana a primera hora iremos a la región treinta, allí hay un pequeño poblado que vive en las montañas, ellos te darán un entrenamiento apropiado e información...

-¿Información?

-Gracias a ellos, he dado fuertes golpes a las tropas de Imperio, ahora, come y luego vete a dormir, te prometo que si tu madre sigue con vida no le harán nada, al menos no dentro de al menos un año.

-Explícate.

La mujer suspiro, parecía cansada y claramente fastidiada, pero aún así respondió a la exigencia del niño.

-Si se la llevaron es porque es apta, y el proceso para hacer un HB, como les llamamos, tarda de uno a dos años, aproximadamente, mientras tanto les mantienen en buen estado, alimentados, y vivos, me encargare de averiguar si tu madre está allí, dime, ¿Cuál es su nombre?

Kiba no lo pensó demasiado, aquello era lo que más necesitaba en esos difíciles momentos: ayuda, verdadera y útil ayuda.

-Se llama Evangeline Illian, es de piel morena, ojos oscuros, cabello negro y rizado, delgada...

-¡Hey!, con eso es suficiente muchacho -Le interrumpió ella entre risas, y el niño le dedico una mirada de reproche.

-¿Cómo la encontraras si no sabes cómo es?

La sonrisa en el rostro de ella no desapareció, pero las risas se hicieron nulas.

-Con lo que me has dado es más que suficiente, pero me gustaría y ayudaría bastante el saber cosas como, su edad, si tiene alguna marca especial, cicatrices, algo por el estilo

-Tiene un tatuaje de lobo en la espalda, un lobo aullando a una luna...

-Bien, entonces yo te prometo buscarla mientras tu aprendes lo necesario para ir de aquí para allá en este mundo de hielo.

-Bien -Dijo Kiba no muy convencido. -Pero antes... ¿Cómo debo dirigirme hacia ti?

-Solo dime Laín

-Es un nombre extraño

-Tú te llamas Kiba, y ese también es extraño...

Kiba estallo en risas, dejando a Laín confundida.

-Sí que has vivido mucho en la nieve, Kiba es un nombre muy común, hay un actor de televisión que se llama así, o se llamaba, no sé si aún vive, pero el nombre de Laín, solo lo he escuchado en cuentos sobre un mundo lleno de magia y felicidad, y toda esa basura...

Laín bufo.

-Bien niño, hora de dormir, anda vete ya

Kiba asintió, y rápidamente termino su cena, para luego irse a la habitación que ya había sido designada para su persona. Estaba ansioso, pronto, esperaba, hallaría respuestas, sabría algo sobre su madre, y seria preparado para pelear contra Imperio.

Años atrás había escuchado sobre una resistencia, quizás y él entrara en ella y trajera paz al mundo. Sí, eso era lo que él deseaba, pelear por la justicia y la vida digna.

Y así, con esos pensamientos entusiastas, Kiba se perdió en un dulce y pesado sueño, sin imaginarse lo que estaba por comenzar.

LA HISTORIA DE KIBA

 

Kiba Illian solía ser un jovencito alegre, obediente, y cariñoso que vivía tranquilamente con su madre, en un sitio de lo más extraño. A sus trece años, apenas entendía que aquel sitio donde vivía era una colonia encerrada en una capsula de una especia de plástico que impedía que el frio del exterior les matase, y que alguna vez, hacía ya muchos años aquel sitio se llamó Budapest.

 

Su vida era de los más tranquila, si bien él y su madre vivían solos, y con apenas lo necesario, Kiba no se quejaba, tenía una cama caliente, comida, un techo, y el cariño de su madre, a quien tanto amaba. Además, iba a una escuela, donde si bien no era muy social, al menos tenía uno que otro amigo, y varios conocidos con quien jugar.

 

Su vida le parecía perfecta, en todo sentido de la palabra...

 

 

Hasta que un día, el infierno entro a su casa, con forma de altos hombres uniformados, aquellos hombres con armas que el apenas podía recordar, habían asesinado a todos los que conocía, niños, ancianos, mujeres, todos sin excepción, y el estaba vivo de pura suerte.

***

 

- Bastardos - susurro con rabia al tiempo en que su pesado pie caía sobre la cabeza de uno de aquellos uniformados a los que tanto odiaba.

 

-Piedad- susurro entre lastimeros gemidos el moribundo hombre, pero los ojos de Kiba eran inexpresivos, nublados por la rabia y el odio.

 

-¿Piedad? -Pregunto con la voz cargada de una ironía venenosa, -Pides piedad, cuando ni siquiera la conoces, desgraciado-Con esfuerzo, Kiba controlo sus emociones y cerrando los ojos, lentamente dijo de forma suave: -pero calma -sonrió de forma macabra, al mismo tiempo en que sacaba de su funda una pequeña pistola de 9 milímetros, la martillo y apunto a la cabeza del hombre uniformado. -Yo tendré piedad por ti.

 

 

El solitario eco del disparo y el cañón humeante del arma fue todo cuanto quedo, el hombre quedo muerto en segundos, una vez que el proyectil impactara en su cabeza. Mientras tanto, el esbelto y alto joven miraba con indiferencia el cadáver de aquel sujeto.

 

-Infeliz -susurro, y su mano se crispo en puño, al tiempo en que la otra apretaba la empuñadora de la pistola con fuerza.

 

Alzo la vista hacia el cielo, nublado, como siempre, y después de de guardar su pistola, siguió su camino, dejando atrás a aquel cadáver, sin nombre pero con rostro.

 

-Un rostro, que he de olvidar

 

Los ojos de Kiba centellearon bajo la tenue luz del sol a medio ocultarse, y sus pasos cansados y pausados lo alejaron poco a poco del desolado pueblo de la región 1, aquella que pertenecía a los temibles Reyarte.

 

El joven siguió caminando por largo rato, hasta que la oscuridad cubrió el cielo, ya no se veía nada, y el frio comenzaba a calarle los huesos.

 

-Bien, una ciudad fantasma y con un maldito agujero en la cúpula protectora, ¿Qué hacer?

Vio entonces un edificio en condiciones mediamente aceptables, a pocos metros de donde él se encontraba, entrecerró los ojos para vislumbrarlo mejor, y al estar convencido de que todo estaba tranquilo, se encamino al trote hacia él. Llego entonces al edificio, se mantenía en pie, y tenía unos cuantos vidrios rotos, lo que estaba bien, ya se había acostumbrado a la brisa nocturna. Empuño la pistola de nueve milímetros, y entro en el edificio, con el sigilo propio de un ratón.

 

Todo estaba en calma.

 

O eso parece

 

Observo cómo pudo la estancia donde se hallaba, era una amplia sala, muy larga, y a pocos metros de la ventana por donde había entrado había una mesa con algo dorado sobre ella, se acerco y distinguió lo que parecía una campanilla, una mesa mostrador, y detrás un mueble grande, con muchos agujeros. Estaba en un hotel o algo parecido.

 

Dio la vuelta al mostrador, no había nada extraño, solo papeles, polvo, y para su buena suerte, encontró una escopeta en el suelo.

 

-Gracias al cielo -Aclamo, y después se inclino a tomar la escopeta, reviso el cargador, estaba lleno, unas seis balas, eso era bueno, o quizás no tanto.

 

Si está llena, aquí debe haber alguien

 

Gruño internamente, no le apetecía salir al frio, pero tampoco le gustaba la idea de tener que estar al pendiente de cualquier cosa, en un sitio que apenas podía vislumbrar, así que tomo el arma, y salió del hotel.

 

Justo a unas calles más adelante, encontró una pequeña casa, con las ventanas y la puerta enteras, así que no dudo en entrar en ella. Con suerte la puerta estaría abierta, y de hecho, después de que los soldados irrumpieran en la colonia y mataran a todos, nada había quedado cerrado. Y así fue, en cuanto giro la perilla de la puerta esta se abrió.

 

Dentro no había nada más que polvo, y unos cuantos muebles desgastados, entre ellos una mesita de centro, donde para su suerte había una vela, que prendió gracias a un encendedor que había obtenido tiempo atrás, regalo de un buen amigo de su madre, y un ropero que utilizo para atrancar la puerta, por cualquier cosa que se ofreciera.

 

Ahora estaba todo bien, o al menos de forma aceptable. Contaba con un refugio iluminado, más o menos caliente y seguro. Se sentó entonces en una orilla de la casa, poniendo la mesita con la vela cerca de él, y una vez se acomodo, dejo que el sueño lo venciera poco a poco, manteniendo la escopeta cargada entre sus manos.

 

 

LA HISTORIA DE SILVER

 

¿Quién soy?... ¿Qué es toda esta oscuridad pestilente que me rodea?, ¿Quiénes son todas estas presencias a mi alrededor?¿Son reales?... mi cuerpo arde por dentro y extraños retorcijones azotan mi estomago, mi cabeza retumba con el ruido...muchas voces, mucho ruido... ¡demasiado ruido!, una ultima punzada de dolor sobre mi cuerpo, mis ojos se abren, veo por fin la luz... y después...la oscuridad regresa, para apoderarse de mi, mientras me abandono a un futuro incierto... una pregunta llega a mi mente de súbito, para atormentarme... ¿Quién soy?

 

  

Efraín Vermuth, el máximo dirigente de las instalaciones subterráneas de Imperio de la región 2 iba retrasado, apretando el paso mientras caminaba por lo amplios pasillos de los laboratorios subterráneos, ausente de cuanta persona pasara por allí, solo le interesaba llegar a la sala de pruebas, ya que hoy habían dado un gran pasó.

 

- Señor, le alegrara escuchar el reporte de hoy, ha logrado abrir los ojos y su cerebro muestra actividad sobrehumana

 

Perfecto

 

Pensó Efraín mientras pasaba de largo al joven Tennyson, el encargado de vigilar a silver, el máximo proyecto de todo el área 2 de Budapest, mientras el no estaba. Rápidamente cruzo la puerta de vidrio blindado que le llevaba a la sala de pruebas.

 

La habitación era enorme y de un color blanco, estaba  perfectamente iluminada y con un olor a cloro en la atmosfera, pero eso era muy común para Efraín, a el lo que le importaba era lo que estaba en el centro de la gran habitación, dentro del gran contenedor de cristal reforzado, y lleno de un liquido sedante de color verdoso.

 

- Silver...

 

Susurro Efraín mientras sus ojos celestes brillaban con enorme satisfacción, y una de sus delgadas y níveas manos se posaba en la fría superficie de cristal, entonces todo quedo en silencio para él, a pesar del intenso bullicio a su alrededor.

 

- ¿Cuánto falta?

 

La potente voz de Efraín resonó por todo el lugar, y pronto el joven que le había salido a recibir respondió:

 

- Dos o tres días dependiendo de las condiciones climáticas, pero esperamos probarla mañana en la zona de entrenamiento

 

Una sonrisa llena de malicia deformo los delgados labios de Efraín, mientras se acariciaba los negruzcos cabellos con su mano derecha. Estaba claramente satisfecho.

 

- Si le pudiésemos probar antes

 

- Pues si podemos señor, pero el único disponible es... Cassiel

 

Todos los presentes se silenciaron por un momento mientras esperaban la respuesta de su jefe,  aunque era ya demasiado obvia. Efraín sonrío ampliamente, y a todos les pareció el rostro perverso de un tiburón, con sus brillantes y puntiagudos dientes asomados en una siniestra sonrisa, que no podía anunciar otra cosa que no fuera la muerte.

 

Entonces la voz suave pero firme de Efraín Vermuth resonó por toda la estancia.

 

- Adelante

 

Nadie dijo nada, solo continuaron con sus labores y prepararon todo para sacar a "silver" de su profundo reposo, pero por dentro a todos y cada uno de los presentes parecía temblarles el cuerpo, y que el corazón se les aceleraba. No podían creer que aquella nueva arma, a la que todos llamaban silver, por la coloración de sus cabellos y ojos, pronto se pondría a prueba con el mayor de los hijos de Efraín Vermuth, el cual había salido vivo por poco después de entrar "a la caldera" y ser sometido al virus HB.

 

- Listo

 

Aclamo uno de los presentes con gran indiferencia en la voz, mientras esperaba su siguiente orden, la cual, fue una que ni en sus peores pesadillas imagino.

 

- Traigan al 01

 

Nadie dijo nada nuevamente, pero en sus mentes aterradas pensaban en la poca humanidad que le quedaba a Efraín Vermuth, el mejor científico de la corporación Imperio, simplemente nadie lo creía, ¿Cómo podía ser real que un padre se refiriera a un hijo como una cosa?; Pero no les pagaban jugosas cantidades por hacer preguntas sobre que tan bueno o cruel puede ser su superior, si no por hacer su trabajo, y así, fueron por el joven Cassiel Vermuth.

 

El joven de cortos cabellos oscuros y ojos celestes entro en la gran estancia con una camisa de fuerza sobre su musculoso cuerpo, con cadenas sobre sus tobillos, que le impedían mover con gran libertad sus piernas, no parecía humano, y de hecho no era tratado como tal.

 

Efraín Vermuth se acerco al recién llegado y dándole unas palmaditas en las mejillas aclamo con un tono condescendiente, como si por fin se diera cuenta de que aquel demacrado joven frente a el era su propio hijo, sangre de su sangre.

 

- Hoy es tu día mi pequeño... no me falles

 

El joven alzo la cara para mirar al sujeto que alguna vez llamo padre, al tiempo en que su mirada destellaba un brillo enfermizo. Efraín Vermuth sonrío ante la reacción del joven, y con una amplia sonrisa se volvió hacia sus compañeros de trabajo.

 

- Actívenla - Fue la orden del temido Efraín, y tan pronto hubo terminado de hablar, los presentes se pusieron en acción para vaciar el tanque de éxtasis donde yacía "silver".

 

-Proyecto serie de plata 01, activado - Aclamo uno de los presentes que estaba cerca del tanque, otros más decían a coro cosas como: "Sedante desactivado", "desconectada ultra venosa", y demás palabras que para Efraín, eran la más dulce de las melodías. Y por fin, ella salió de su estado de letargo, abriendo sus ojos fríos e inexpresivos, de un color blanco, como la nieve, inhumanos y aterradores.

 

-Bien-Aclamo Efraín casi en un ronroneo-activen el campo de prueba, evacuen la sala.

 

Se volvió hacia su hijo que miraba con rabia a la nueva arma, le sonrió cálidamente, y con su larga y pálida mano acaricio sus cabellos como si aquel joven fuese un cachorrito.

 

-Hazlo bien muchacho

 

Y  Efraín se perdió detrás de una enorme puerta de acero reforzado, seguido por gran parte de los trabajadores de aquel proyecto. Ahora Cassiel Vermuth, y "Silver" estaban solos, en una amplia habitación desinfectada, y llena de costoso equipo de trabajo.

 

- Activando campo de pruebas 1- Aclamo una voz mecánica, por alguna bocina que Cassiel no podía ver, se repitió una, dos, tres veces, y luego todas las maquinas a su alrededor se ocultaron entre las paredes, y la camisa de fuerza, y las cadenas que le sometían, cayeron al suelo con un sonido sordo.

 

Estaba libre, pero él no era el único.

 

Frente a él, estaba Silver, vestida con un extraño traje de color blanco, completamente ceñido a su perfecto cuerpo, un cuerpo delgado, y atlético que rezumaba agilidad y fuerza, con ojos blancos como la nieve, que estaban fijos en el cuerpo del joven Vermuth, y que destilaban rabia, odio, y un sin fin de emociones que Cassiel no podía descifrar.

 

Solo sabía una cosa, la tal silver le atemorizaba.

 

 

Un rugido bestial salió desde el fondo de la inhumana garganta de aquella mujer, de aquella cosa, y fue el detonante para que Cassiel se pusiera en pie y echara a correr contra Silver, ella por su parte hizo lo mismo, estaba más que claro, que ellos eran enemigos y lucharían hasta matarse.

 

 

Un estremecedor ruido, como el de un trueno sobre el cielo, rasgo el viento, y hizo que todos temblaran aun estando bien protegidos tras las pantallas de las cámaras, que habían perdido calidad en su imagen. Silver había impactado de lleno contra Cassiel, llevándolo al suelo que se había partido en trozos bajo el peso de sus cuerpos, y allí, ambos jóvenes luchaban con pasmoso frenesí, intentando alcanzar la garganta del otro, alternando su posición en cada movimiento.

 

-Sigue estable- susurro Tennyson, y una pequeña sonrisa distorsiono los carnosos labios de Efraín Vermuth.

 

-Perfecto, activen el proyecto silver al cien por ciento

 

Y tras la orden del señor Vermuth, los presentes se concentraron en las computadoras de la nueva habitación, y apretando los botones correspondientes, Silver fue activada al máximo de su potencial.

 

Un rugido de cólera fue el indicio de que el proyecto había finalizado con éxito, Silver se detuvo por unos segundos, rugiendo al cielo con gran rabia y fuerza, Cassiel por su parte se alejaba de ella en busca de un respiro, para volver a atacarle con mayor ímpetu.

 

Se arrastro con cierta dificultad hasta llegar a una de las paredes de la estancia, se puso de pie, y fijo su vista en Silver, ella parecía como dormida.

 

En un segundo, Cassiel se lanzó sobre Silver nuevamente, a una velocidad sobrehumana; Pero ahora el resultado fue diferente, Silver se mantuvo en pie a pesar del golpe del joven, a quien logro tomar por el cuello, y alzándolo por sobre su cabeza, comenzó a estrangularlo.

 

Cassiel luchaba inútilmente por soltarse del poderoso agarre de Silver, sus uñas, más parecidas a garras arañaban la suave piel de aquella mujer, pero no le hacía nada, no sangraba, no se quejaba, y ahora incluso notaba que ni siquiera respiraba. ¿Qué era ella?

 

Cassiel intento con desesperación patear el rostro de su agresor, lo hizo dos, cuatro, diez veces, pero nada ocurrió, ella seguía asfixiándolo, aumentando cada tanto la presión en su agarre, si no moría asfixiado, le iba a romper el cuello.

 

-Pa... papa... mama... Blaisin -susurro internamente, mientras la fuerza abandonaba su cuerpo, entregándolo con cada segundo a la muerte. -Los quiero -Susurro el joven, en un último suspiro, mientras sus manos caían sin vida a cada lado de su cuerpo.

 

 

 

Los quiero, los quiero, los quiero...

 

-Esas palabras

 

Silver no sabía que estaba haciendo, y mucho menos por que, solo fue consciente de que aquel extraño joven le había atacado, y ella por instinto, o algo parecido se había defendido, pero ahora, ella lo estaba matando, pero no quería hacerlo, o al menos eso pensaba.

 

Los quiero -volvió a escuchar en su mente, y miro detenidamente al joven moribundo, se veía cansado, con el cuerpo sucio y lacerado, y esas heridas no eran por ella, no, eran de algo más.

 

Y sin apenas darse cuenta, la presión de su agarre disminuyo.

 

 

- ¡Maldito hibrido!

 

- ¿Qué? - Susurro admirada, esa voz era distinto a las que conocida, no era del joven, ni de los hombres que se encargaban de ella. De hecho, parecía como si no fuese siquiera de ese mundo. Luego vino el sonido de algo que rasgaba el viento, zumbando, y luego el ruido de algo chocando contra una superficie húmeda, y un olor desagradable, pero no parecía real, sino más bien un sueño, que poco a poco se desvaneció.

 

Después vino la imagen de una persona, agachada de espaldas a ella, y contra la espalda desnuda de aquella persona chocaba una y otra vez una larga tira de color caoba.

 

-Látigo- susurro a penas consciente de que significaba esa palabra, y entonces sin saber por qué, en su mente se formo la imagen de una mujer, una hermosa mujer de cabellos largos y oscuros, con unos ojos grises y brillantes que le miraban con ternura.

 

Los quiero

 

No lo soporto mas, a pesar de que algo en su interior le indicaba que matara a aquel joven, supo que si lo hacía, esas voces, esa mujer, se quedarían en su mente de forma indefinida. Así que lo soltó. Y las voces, los ruidos y las imágenes se esfumaron lentamente.

 

 

Cassiel cayó al suelo como una roca, respiraba muy débilmente, apenas perceptible para los ojos de Silver. Se sentía cansado, adolorido, pero extrañamente aliviado, ¡estaba vivo!. Pero lejos de él, detrás de la gruesa pared de la sala de prueba, su padre, el jefe de las instalaciones de la región 2 de las instalaciones de Imperio en Budapest no estaba para nada satisfecho con aquellos resultados.

 

- Tienes que huir -susurro Cassiel con mucho esfuerzo.

 

Por suerte Silver pudo escucharlo y con un suave movimiento se acerco a él, poniéndose de rodillas para estar más cerca.

 

- ¿Por qué? - susurro ella, y su voz era tan dulce y suave que a Cassiel le costaba creer que era la misma mujer de hace unos momentos.

 

- Están molestos

 

Esta vez no recibió respuesta, al parecer la chica, "silver", no comprendía la importancia del asunto, o bien no le importaba. Momentos después escucho el ruido de la puerta blindada al abrirse, suavemente, deslizándose por el canalillo, y luego los pesados pasos del equipo de limpieza, que los llevarían a sus celdas de descanso.

 

- Me has decepcionado - Escucho decir a su padre, o lo que quedaba de él, con una frialdad espectral, seguramente se lo decía a Silver mientras se la llevaban a su celda.

 

Por su parte, el era levantado en una camilla, por cinco hombres del equipo de limpieza, una vez lo pusieron sobre esta, lo sacaron de la estancia, Cassiel lo sabía, porque el aire empezaba a oler diferente, en poco tiempo estaría en su celda, amarrado como de costumbre, esperando reponerse para un nuevo experimento de su padre.

 

Con esfuerzo, sus ojos se abrieron y lograron vislumbrar la imagen de Silver, acompañada de su padre. El se veía molesto, lo sabía por lo apretado de su mandíbula.

 

Pero Silver,  parecía consternada, casi podía palpar la confusión que alumbraba atreves de esos ojos albinos, y Cassiel Redhar n pudo evitar sentir pena por ella.

 

Suerte-Pensó, deseando de todo corazón que aquella joven, por más daño que le hubiese podido hacer, lograra escapar con bien de aquel infierno, donde él había pasado ya, toda su adolescencia, y un poco más.

 

Adelanto

Capitulo 7: ahora somos aliados

 

-Shenlong -lo llamo con cautela, aunque una nota de ira asomaba por esos ojos grisáceos.

 

Shenlong sonrió, luego de levantar la mano en señal de saludo, momentos después noto como Long Shin se acercaba a él con pasos pesados.

 

-Mucho tiempo -Dijo todavía sonriendo.

 

-No lo suficiente

 

-¿Quieres pelear Long?

 

Obtuvo un rugido como respuesta. Eso era satisfactorio, por alguna razón, a Shenlong le agradaba molestar al zoantropo del tigre, era como una muestra de superioridad, o algo parecido, el solo sabía que le gustaba hacerlo.

 

Con un elegante movimiento se quito las gafas y las coloco en el cuello de su camisa oscura. Al mismo tiempo los ojos iracundos de Shin lo examinaban.

 

-¿Qué haces aquí? -Su voz era hostil.

 

Shenlong iba a contestar, pero la amable voz de Alice Nonomura se le adelanto, llamando la atención de Long y la de los otros hombres que estaban allí, atentos a cuanto pasaba entre ellos.

 

-Señor Shin, shenlong también ha sido invitado a participar del torneo, y deberíamos tenerle en cuenta como aliado... después de todo es muy fuerte.

 

Long resoplo, pero por la forma en que hundió sus hombros pudo notar que lo aceptaba. Shenlong sonrió satisfecho.

 

-Bueno, ¿Y cómo esta mi hija?

 

La potente voz de Gado llamo la atención de todos, Shenlong no le había prestado atención, pero ahora que le veía, le notaba serio, triste. Frunció el ceño.

 

-¿Le paso algo a shina?

 

Un siseo detrás de él le dio la respuesta.

 

-¿Y tu tuviste que ver? -Esta vez se refería a Long, quien humillaba la cabeza y crispaba los puños. Había acertado.

 

-No ha sido culpa de Long, no de forma directa -Esta vez Bakuryu había tomado la palabra, desde que había llegado a ese sitio el niño ni siquiera le miraba, de hecho se mantenía distante, y aún lo seguía haciendo.

 

-Tsk -Mascullo Shenlong -No es que me importe, y de hecho no lo hace, ¿Pero qué carajos paso?

 

-La ataco uno de los zoantropos de Clearwater

 

Shenlong asintió, ya le estaba quedando las cosas más claras.

 

-Entonces este zoantropo vino a por Long, pero shina se interpuso

 

Long asintió.

 

-aww... que lindo

 

El tono de voz así como la sonrisa empleada por shenlong era de pura ironía, y por uno breves segundos, Long sintió como el poder del zoantropo que llevaba corriéndole por las venas estaba a punto de estall

FANFIC STAY NIGHT LA PREGUNTA

SNIF, HAGO UN PARENTESIS EN MI FIC, POR QUE QUIERO PUBLICAR ESTE DE UN AMIGO MUY QUERIDO QUE HA DECIDIDO CERRAR SU BLOG, POR FALTA DE IDEAS, SNIF, BUENO EL LO DECIDIO, PERO RESCATO SUS MAS SOBRESALIENTES IDEAS

 

Este es un fanfic de esta serie que me gusta mucho, espero les agrade

am, como nota les digo que esta mas ubicado en lo ocurrido en Fate hollow ataraxia, antes de que Bazett que es la master original de lancer, lo perdiera a manos de kotomine

 

 

La pregunta

Serie: Fate Stay Nigth

Genero: romance y humor

Personajes: Bazett Y Lancer (Cu chu lain)

Nota: el fanfic es puro dialogo

 

***

 

-: ¿Master?

 

-: ¿Qué ocurre lancer?

 

-: ¿Puedo preguntarle algo?

 

-: Si es una pregunta sofisticada y coherente, si, pero si vas a hablar como un mafioso de bajo rango, mejor te quedas callado

 

-: Eso fue cruel

 

-: Es la verdad amor

 

-: ¿Tu me acabas de llamar... "amor"?

 

-: ¡La pregunta lancer!

 

-: Bueno no te culpo, ¿Quién no me amaría?, soy increíblemente sexy y...

 

-: ¡Lancer!

 

-: Vale, ya no te enojes... ¿Qué es lo que te gusta en un hombre?

 

-: ¿Perdona?

 

-: ¿Q-U-E-E-S-L-O-Q-U-E-T-E-G-U-S-T-A-E-N-U-N-H-O-M-B-R-E-?

 

-: ¡NO SOY IDIOTA PARA QUE ME HABLES ASI!

 

-: La respuesta ¡solo dame la respuesta maldita sea!

 

-: Haber lancer... ¿Dime quien es el master y quien el sirviente?

 

-: Tu lo eres...tu master, yo servant

 

-: bien, buen perro... bueno... ¿Qué es lo que me gusta en los hombres?

 

-: Si...

 

-: ¿Por qué quieres saberlo?

 

-: Obviamente para encontrar la mejor manera de seducirte y hacer el amor

 

-: Lancer, no sabes lo cerca que estoy de ponerme mis guantes de combate

 

-: Vale, vale yo solo deseo saber que es lo que esperas en un hombre, que es lo que buscas o te atrae de uno

 

-: Ay lancer... tu jamás cambiaras

 

-: Hey, dame algo de crédito por intentarlo...

 

-: Aja

 

-: ¿Y entonces?

 

-: ¿entonces que?

 

-: Su respuesta... ¡maldita sea!

 

-: ¡Lancer!

 

-: Ok, me calmo

 

-: Bueno em... lo que busco en un chico...

 

-: Si

 

-: Realmente no creo que sea el tipo de información que deba compartir contigo

 

-: ¿Y puedo saber por que?

 

-: No

 

-: Vamos... oh... ¿Acaso hay alguien más?

 

-: ¿Perdona?

 

-: ¿Hay acaso otro chico aparte de mí?

 

-: ¿Qué estas diciendo?

 

-: ¿Hay otros hombres en tu vida?

 

-: Por supuesto

 

-: ¡Los hay!

 

-: ...

 

-: Master... ¿Master?... ¡MASTER!

-: ¡No me grites!... lastimas mis tímpanos

 

-: Lo siento, pero... ¿En serio hay otros hombres?

 

-: Lancer, por favor... no seas tonto

 

-: Vale, vale, esta bien si soy el único

 

-: ah...si claro

 

-: Ok, entonces dame un nombre

 

-: ¿Un que?

 

-: Un tipo distinto de mi  muchacha

 

-: ...

 

-: Entonces no hay nadie ¿He?...

 

-: Lancer...

 

-: ¿Eso quiere decir que aun eres virgen?

 

-: ¡Que vulgar!

 

-: Jajaja, ya entendí... pero podemos arreglarlo

 

-: No

 

-: ¿No?

 

-: ...

 

-: Bien, comprendo

 

-: Ve a hacer tus deberes Lancer

 

-: Tienes 23 años y sigues siendo virgen... eso no me lo esperaba

 

-: Lancer, por favor...además yo tengo un deber que cumplir y no puedo dejar que los placeres carnales se interpongan... ¿Qué demonios digo?

 

-: Mi primera vez fue a los 16

 

-: Deja de hablar Lancer

 

-: Aoife era bastante buena ¿sabes?

 

-: ¡Pero que vulgar!, por favor ya deja de hablar

-: Entonces quedamos en que no hay otro hombre en tu vida, mas que yo y ¿eres virgen?

 

-: No responderé eso

 

-: Vamos master, sin mentiras entre nosotros

 

-: Lancer...

 

-: ¡Oh no!...no he preparado la cena

 

-: ¿Qué?

 

-: ¿Quieres cenar o no?

 

-: Oh, si claro...estaría bien

 

-: Bueno, ser virgen a los 23 no esta mal...es una edad fecunda...y es la mejor época del ser humano...además estas muy bien, tienes buen cuerpo y lindos...

 

-: ¡Lancer!

 

-: Iba a decir ojos

 

-: Lancer esta platica esta muy cerca de terminar

 

-: Esta bien, esta bien

 

-: ...

 

-: ¿master?

 

-: ¿Ahora que? ¿Otra pregunta diseñada para humillarme?

 

-: Hump

 

-: Ho... ¿lancer?

 

-: ...

 

-: Venga, has tu pregunta

 

-: De ninguna manera... ¡Usted me ofendió!

 

-: Lancer... ¡Lancer, no me es divertido!

 

-: ¡Tampoco para mí!

 

-: Lancer, haz tu pregunta

 

-: ¡Al diablo!... ¡me voy a la cocina!

 

-: ¡Lancer!... por favor, haz tu pregunta

 

-: ...

 

-: Si te hace feliz, hazla... no...no me gusta verte así

 

-: Si lo pones de esa manera

 

-: Tu modestia me quita el aliento

 

-: Ja, ja, ja, ja... lo se, ¿verdad?

 

-: Lancer...eso fue sarcasmo

 

-: Lo se, calma master

 

-: Entonces, ¿Cuál es tu pregunta lancer?, me gustaría cenar pronto si no te importa

 

-: Eres un aguafiestas

 

-: ¿Qué?

 

-: ¡Aguafiestas! ¡Aguafiestas!

 

-: Deja de ser tan infantil

 

-: Esta bien

 

-: ¿Y la pregunta?

 

-: Oh, si claro

 

-: Lancer... ¿naciste con algún problema mental?

 

-. ¡Hey!

 

-: Lo siento, costumbre...jeje

 

-: Para mi es un maldito hábito de mierda ¡Mejor me voy!

 

-: Lancer... lo siento

 

-: ¿De verdad?

 

-: Si...bueno has tu pregunta

 

-: Bueno...am... no se como plantearlo... ¿Estofado te parece bien?

 

-: Lancer, si es otra pregunta sobre mi vida sexual juro que te mato

 

-: ...

 

-: ¿y la pregunta?

 

-: ...

 

-: ¿lancer?

 

-: ¿Me amas?

 

-: ¿Perdón?

 

-: ¿Qué si me amas?

 

-: am...pues

 

-: Si, supuse que no

 

-: ¡No...espera!

 

-: ¿Qué pasa?

 

-: Yo...yo...lo hago

 

-: ¿hacer que? ¿Herir mi ego una y otra y otra y otra y otra vez?

 

-: No

 

-: Esto no es divertido

 

-: ...

 

-: ¿Me amas o no? No vaciles master

 

-: si

 

-: Je...bien

 

-: Lancer... ¡¿Acaso dabas por sentado que diría eso?!

 

-: ¿Qué puedo decir?... era de esperar

 

-: ¡La cena!

 

-: Esta bien... pero una pregunta mas

 

-: ¿Qué?

 

-¿Puedo llamarte Bazett?

 

-: ... seguro

 

-: Muy bien, vamos Bazett

 

-: ¿A dónde?

 

-: ¡A la cocina!

 

-: ¿Por qué?

 

-: Tú me vas a ayudar a hacer la cena

 

-: ¿Qué? Lancer ¡ni lo pienses!, No puedo... no es mi fuerte

 

-: Venga, que no es tan difícil

 

-: Lancer

 

-: ¿Si Bazett?

 

-: ...

 

-: ¿Si?

 

-: Olvidalo, no importa

 

-: je, ¡te amo como no tienes idea!

 

-: ... Callate... ¡Ve a la cocina!

 

-: Eres tan cruel snif

 

-: Cuchulain

 

-: ¿Si?

 

-: Me alegra que lo dijeras

 

-: Jeje... por cierto... ¿Qué es lo que buscas en un chico?

 

-: Pensé que no había mas preguntas

 

-: fue la primera...y no la contestaste

 

-: Bueno... la respuesta...eres tú

 

-: ¿Yo?... ¡Bien!

 

-: jeje

 

-: Bueno vamos a cocinar

 

-: ¿Vamos?

 

-: Si, ya te dije que me tendrías que ayudar...

 

Bloody Roar Una Nueva Era Cap 5

Capitulo 5: Yehilyn

 

Long no veía nada, y eso le resultaba aun más molesto que tener los ojos irritados y la nariz dilatada y enrojecida. Trataba de buscar a la joven Gado cuando sus pulmones demandaban aire fresco, la escuchaba llamándole muy cerca de él, así que intento moverse.

 

Y entonces la escucho hablar molesta con alguien, ¿pero quién era esa persona?. El intento aclarar su vista, pero el humo le había irritado demasiado los ojos.

 

El zoantropo del tigre se sentía molesto, ¿Cómo era posible que sus instintos le hubieran fallado? ¿Por qué no percibió al intruso?. Pensaba con molestia, mientras su cuerpo vagaba en la estancia, intentado poder ver algo entre todo aquel humo que poco a poco empezaba a despejarse.

 

Y entonces escucho un siseo, un murmullo, y luego un grito ahogado. Justo entonces su vista pudo aclararse lo suficiente para ver dos sombras oscuras precipitarse por la ventana.

 

Corrió hacia el marco y asomo la cabeza, estaba como a cinco pisos del suelo, y las dos figuras se precipitaban hacia este a gran velocidad, era imposible sobrevivir a esa caída.

 

Tengo que salir

 

Encamino sus pasos en dirección hacia donde él  creía estaba la puerta, cuando un ruido como el del cuero al rasgarse llamo su atención... luego se escucho el crujir de algo solido y por ultimo... un rugido.

 

Zoantropo

 

Y sin pensar más, Long salió rápidamente del cuarto con tan solo la bata de la clínica puesta, de pura suerte encontró la puerta, y se en tropel hacia la puerta de salida, cuatro o cinco pisos abajo.

 

 

Yehilyn quedo sorprendida por la rapidez en que Shina Gado cambio a su forma de leopardo, y como había reaccionado justo antes de tocar el suelo. Ahora la tenia frente a ella, con las fauces abiertas y los ojos leonados chispeantes de ira.

 

-Impresionante -dijo más para ella misma que para el enorme zoantropo que parecía observarla de forma detenida.

 

-Eres más intuitiva así, me sorprende, tus instintos son... asombrosos

 

El leopardo rugió levemente, mientras su cola se agitaba de un lado a otro como una serpiente y sus orejas permanecían pegadas al cráneo. Todo le indicaba que esa mujer, Yehilyn, era peligrosa.

 

-Bueno gado, acabemos con esto...

 

De un rápido movimiento Yehilyn se situó al lado del zoantropo que ya estaba poniéndose en pie y sacando las tremendas garras. El primer golpe lo dio la bestia, pero fallo, mientras Yehilyn asestaba una patada en el abdomen del zoantropo que dejo escapar un rugido de frustración.

 

-Vamos, ¿Qué no ibas a darme una lección? -Aclamo Yehilyn con sorna, mientras una amplia sonrisa aparecía en su rostro.

 

El leopardo rugió de nuevo, y se lanzo sobre ella, esta vez, la bestia iracunda logro dañarle el brazo izquierdo, justo en el momento en que Yehilyn saltaba hacia un lado para esquivar el golpe.

 

Veloz

 

No había tocado el suelo cuando el zoantropo leopardo ya se lanzaba contra ella de nuevo, esta vez, su peso cayó sobre ella, llevándola hasta el suelo, y oprimiéndola, tenía las fauces de la bestia a pocos centímetros del rostro.

 

No sabía que tenían tanto poder como animales... bueno..fuego contra fuego

 

Valiéndose de su increíble fuerza, empujo a la bestia con sus rodillas, haciendo que esta alejara su boca de su rostro, una vez hecho esto, le tomo por el cuello y comenzó a apretar con fuerza, pero el zoantropo era poderoso, y su garra derecha buscaba tenazmente su rostro para deshacerlo.

 

Yehilyn apenas podía evitar aquellas enormes garras, que brillaban de forma enfermiza bajo las luces del aparcamiento, le sorprendió que nadie hubiera llegado aún.

 

-¡shina!

 

Aquella voz asalto sus sentidos, y al parecer también los del zoantropo que abandono la lucha y alzo la cabeza en busca de quien le llamaba, ese momento fue aprovechado por Yehilyn para quitarse de encima al leopardo, con un fuerte empujón en el estomago de este.

 

-¡¿Qué haces tú aquí?! ¡¿Qué quieres?!

 

Yehilyn se volvió hacia el hombre que le llamaba, era el mismo del aeropuerto, Long Shin. No lo conocía, pero algo dentro de ella se revolvía cada vez que lo veía o lo escuchaba nombrar. ¿Por qué?.

Un fuerte rugido llamo su atención de nuevo, y le hizo voltearse hacia el zoantropo leopardo, que ya se venía encima de ella nuevamente.

 

Esta vez no gado

 

Corrió hacia el leopardo con toda la velocidad que pudo alcanzar en tan reducido espacio, y salto de lleno contra él, y fue entonces cuando su cuerpo exploto, dejando paso a la bestia que ella mantenía adentro, la pantera.

 

Ambas bestias colisionaron en pleno salto, siendo la de pelaje oscuro y ojos carmín la que gano, llevando al leopardo contra el suelo, y una vez inmovilizadas sus garras bajo el peso de su  atacante, este se disponía a morderle la yugular y acabar por fin con aquel asunto, cuando sin previo aviso, un dolor mínimo, pero molesto, llego desde las costillas a Yehilyn, y la alejaba de su presa. Era el hombre.

 

-Sera mejor que te largues -dijo aquel extraño sujeto con los ojos verde oscuro radiantes de furia, sus puños estaban frente a su rostro crispados, y sus piernas flexionadas, ligeramente separadas.

 

Yehilyn conocía esa técnica, el kempo.

 

El leopardo se puso de pie nuevamente, su respiración era agitada, lo notaba por el subir y bajar de su pecho, pero en sus ojos se veía la ira, y cuando sus rojas se pegaron al cráneo, Yehilyn lo confirmo.

 

-Tu amiga no está muy feliz

 

El hombre se volvió hacia el leopardo, y pareció decirle algo con la mirada. La bestia rugió suavemente, como un bufido de un gato, y se agazapo mostrando los colmillos. No iba a pelear más.

 

-Ahora... ¡Largo!- Aclamo el hombre, mientras sus ojos oscuros se iban tornando dorados, y los músculos de su cuello comenzaban a tensarse.

 

-De acuerdo

 

-¿Qué? -Exclamo el hombre sorprendido cuando ella hablo. Detrás de él, el leopardo se tenso aun más y sus ojos se entornaron.

 

-¿Tan raro es que hable?, soy un zoantropo... no un animal

 

El leopardo gruño, pero no se movió.

 

No hay nada más que hacer aquí

 

Yehilyn se puso en cuatro patas y echo a correr hacia las penumbras, perdiéndose de la vista del extraño hombre y de su presa, la presa que había escapado de sus garras por culpa de un sentimiento desconocido, un sentimiento que despertaba aquel hombre.

 

Y que tiene que desaparecer

 

 

Long observo como aquella mujer se alejaba de la clínica, le había sorprendido el hecho de que ella, en una forma de zoantropo pudiera formular palabras. Y entonces recordó un gran problema justo a sus espaldas.

 

-He, Shina, espero que no estés pensando en mi como comida

 

Se volvió hacia ella esperando verla molesta, pero lo que hayo le dejo mas estupefacto. El gigantesco felino estaba agazapado contra el suelo, con los ojos bien abiertos, fijos en la dirección por donde la pantera se había ido, sus orejas permanecían pegadas al cráneo, pero mantenía la boca cerrada.

 

Buena señal, supongo -pensó Long con pesadez.

 

-Bueno... ¿Qué se supone que sigue?

 

Shina volteo a verlo, con las pupilas expandidas, a Long le pareció el rostro de un gatito esperando por su comida.

 

-Bien... ¿Puedes cambiar de nuevo?

 

El leopardo levanto las orejas, y se sentó, era algo extraño, normalmente un zoantropo es agresivo en su forma mitad bestia, mitad humano, pero en estos momentos Shina parecía muy tranquila.

 

-Lo cual es un problema, solo volvemos a ser humanos cuando nos cansamos... he... supongo que no te apetecerá jugar con una bola de estambre

 

El leopardo ladeo su enorme cabeza, y movió la cola. Long casi sentía que le entendía, y eso le asustaba.

 

-Bueno, ¿Qué esperas?...corre, o haz algo que te canse

 

El leopardo se hecho en el suelo, y Long, resignado, dejo escapar un profundo suspiro, mientras se cruzaba de brazos. No podía dejar a Shina allí afuera, hacia frio... Y fue entonces cuando fue consciente de que solo traía puesta la bata de la clínica. Volvió a ver al gran zoantropo que yacía acurrucado como un gato casero, y de nuevo, suspiro.

 

-De acuerdo, primero te llevare adentro... luego... he... ya veremos

 

-¡Long!

 

-¿Kenji?

 

De entre los árboles, la figura ágil y delgada del maestro ninja se hizo presente, llevaba el cabello alborotado como en aquellos tiempos en que fue asesino para taylon y sus ropas eran de un color oscuro. En cuanto se acerco suficiente, vio al enorme leopardo mitad humano dormido en la acera.

 

-¿Qué pasó? -Pregunto el joven con la mirada puesta en el zoantropo leopardo.

 

-Larga historia Kenji

 

-Sera un lio solucionar eso

 

-¿Crees?

 

-Si no se ha cansado

 

-Sí, tienes razón... aunque... hace unos momentos nos ataco la misma mujer del aeropuerto

 

-¿Tu "amiga"? -dijo el joven con una sonrisa

 

-Sí, mi... amiga, bueno, nos ataco, y al parecer... Shina le tuvo miedo

 

-No esperas que crea eso...ella no le teme a nada, amenos aparentemente

 

-Lo sé, bueno... creo que será mejor que llames a Gado

 

Kenji asintió y se dispuso a marcar desde su teléfono móvil, ya tendría muchos problemas por haber escapado de casa de para seguir a Shina, pero tendría más si no decía nada respecto a lo ocurrido.

 

Mientras tanto, Long observaba confundido al leopardo en que solía convertirse jane gado al momento de pelear, y recordó aquellos momentos en que la pantera en la que se había convertido la extraña mujer y el leopardo se habían enfrentado cara a cara.

 

Perdóname Jane, esto no hubiera sucedido si tu no hubieras venido por mi

Bloody Roar una nueva era cap 4

DESDE AQUÍ, EMPEZARE A MODIFICAR LA MANERA DE ESCRITOS DEL FANFIC, HACIENDOLO MAS TIPO NOVELA, POR LA ATENCION GRACIAS

 

Bloody Roar Una Nueva Era

Capitulo 4; La Clínica

 

A Long Shin le impresiono lo alto y resplandeciente del edificio, al cual Jenny Burtory había llamado clínica. El edificio de un pulcro color blanco y de casi cuarenta pisos, reflejaba la luz del sol en sus ventanales, resaltando así entre la ciudad de Madrid.

 

-Impresionante -susurro Long mientras observaba aquel coloso de roca.

 

-Ha sido un trabajo duro, pero ha valido la pena, hay por lo menos una clínica de estas en cada ciudad del mundo -Susurro Jenny burtory al tiempo en que el auto en que iban, un lamborghini color rojo sangre, se detenía en un sitio privado de estacionamiento.

 

-supondré que trabajan aquí

 

-Supone bien shin- Contesto Steven, mientras accionaba el botón para abrir las puertas, una vez abiertas, los tres ocupantes descendieron del vehículo.

 

-¿y como fue?

 

-Pues vera señor Long -contesto Jenny -Después de todo lo ocurrido con el virus XGH, y con lo del rey orión, nosotros los zoantropos teníamos que tomar cartas en el asunto, ya había habido demasiados muertos tanto humanos como zoantropos

 

-Lo sé

 

-Así que decidimos, junto a otros compañeros, tanto humanos como zoantropos, crear un centro médico para... nuestra gente, sobre todo ahora que hemos descubierto posibles efectos secundarios del XGH

 

-Y por lo tanto, es necesario que se haga unos análisis

 

Long asintió, y luego los tres entraron en el imponente edificio. Allí había muchas personas, que por su olor, Long pudo decir que eran todos zoantropos, pero se les veía calmados, en paz. Algo que nunca antes había podido imaginar poder ver.

 

Después de subir por un ascensor y llegar a la planta número cuatro, entraron en el cuarto de pruebas, el cual, además de su impecable color blanco, contaba con unos extraños cilindros metálicos y unas camillas de enfermería.

 

Jenny le pidió a Long que se recostara, diciéndole que Steven se haría cargo del asunto, después, salió de la sala, dejando a los dos hombres solos.

 

 

¿Y entonces que sucedió? -Aclamo Steven goldberg mientras el cuerpo de Long era recostado en una camilla. Se veía muy nervioso.

 

Calma -le dijo con tono divertido -No le harán nada doloroso

 

Si... gracias... -Contesto Long con un susurro, mientras sus puños se crispaban con fuerza. Steven no pudo evitar reírse ante aquel rostro lleno de pánico, y entonces Jenny Burtory entro en la habitación acompañada de dos sujetos de batas blancas.

 

Se ve nervioso señor Shin -Aclamo Jenny con voz sensual, y Long se pregunto si aquello era algo que ella no podía evitar o si lo hacía con algún propósito, pero no importaba, al menos no en esos momentos en que se enfrentaba a algo prácticamente desconocido.

 

No es desconocido, más bien, es tan conocido que por eso le temo - Pensó con nostalgia

 

-Bueno, creo que usare el gas

 

La voz le llegó como un susurro distante, mientras su mente se perdía en el pasado, figuras oscuras, sin forma clara se formaban lentamente ante sus ojos, luego escucho un grito, el grito de su hermana al morir.

 

Apretó los puños con fuerza, y cerró los ojos negándose a recordar, negándole la entrada a esas figuras amorfas que el bien conocía, y ausente a lo que pasaba a su alrededor, se quedo dormido.

 

 

-Ahora sí, duerme como un gatito -Aclamo Jenny muy divertida, pero Steven no le acompaño en sus risas.

 

Ella conocía a ese hombre, y sabia lo mucho que había sufrido en el pasado, quizás no de forma directa, pero el tiempo en que trabajo para taylon fue suficiente para que el no pudiera olvidar todo lo vivido, y para poder conocer a aquellos hombres que habàin sido sus compañeros de trabajo, en aquella corporación de la muerte.

 

-Jenny, ¿crees que él en verdad tiene problemas, con eso de los efectos secundarios del XGH?

 

Jenny asintió. -Si él nos pidió ayuda es por algo, aunque desearía saber que fue

 

Ahora fue Estiven quien asintió, Jenny sonrió ante la sincronización que tenían, y sin más que hacer pidió a Steven (Stun) que se retiraran de la habitación, en lo que los expertos se encargaban del señor Shin.

 

-Preferiría encargarme yo personalmente, después de todo, eso le dijiste

 

-Calma Steve, el estará bien, y recuerda que tú debes dormir un poco, mañana empieza el torneo de Neon-G, y hay que estar preparados.

 

 

Long despertó con la boca seca y un dolor de cabeza espantoso. Noto que sus ropas habían sido cambiadas por una bata de color azul cielo y su cabello caía suelto por sobre sus hombros y espalda. Lo tenía bastante largo.

 

Quizás deba cortármelo -Pensó con cansancio mientras pasaba sus dedos entre el cabello

No, mala idea

 

Se levanto de la camilla, al parecer ahora estaba en un cuarto y no en la sala de pruebas. Se encamino hacia una puerta situada al lado izquierdo de la cama, y se encontró con el baño, era pequeño, pero completo, así que decidió darse una pequeña ducha.

 

Estaba a punto de quitarse la bata, cuando un ruido llamó su atención, ladeo la cabeza para escuchar mejor... alguien o algo golpeaba la ventana.

 

Dio vuelta rápidamente y busco sus prendas con la mirada, estaban en una silla al lado de la cama. Rápidamente se quito la bata y se puso los pantalones, no quiso ponerse la camisa, tenía demasiado calor, entonces, se acerco a la ventana.

 

¿Qué diablos?

 

Iba caminando con el cuerpo tenso, y la mirada fija en la ventana, tratando de ser lo más silencioso posible, con el puño preparado para encestar un golpe, cuando la ventana se abrió de pronto dejando entrar una figura oscura junto a la cálida briza.

 

Long dio un salto hacia atrás y se puso en posición de combate, tratando de acostumbrar sus ojos a la penumbra. Mientras frente a él, la figura oscura que había entrado se ponía de pie, y se giraba hacía él.

 

Entonces pudo verla, con una sonrisa satisfecha en su rostro, y los ojos celestes chispeantes.

 

Un profundo suspiro escapo de su amplio pecho y relajo su cuerpo, al tiempo en que una sonrisa torcida aparecía en sus labios.

 

-¿Qué se supone que haces aquí?

 

-Uh, todavía que me tomo el tiempo de escapar de casa para venir a verte -Contesto la joven frente a èl, que comenzaba a acercarse.

 

-Jane, no de...

 

La frase no llegó a terminarse, en menos de un segundo un fuerte golpe en la mejilla tumbo al hombre, y le abrió el labio. El confundido y aturdido, solo pudo atinar a observar a la joven rubia frente a él, que le fulminaba con la mirada.

 

-No me vuelvas a llamar así, mi nombre es Shina, ¿entendido?

 

-Entendido

 

-¿Y bien?... ¿Qué te hicieron?

 

-No lo recuerdo

 

Shina rompió en risas, mientras Long consternado ante tal reacción se mantenía sentado en el suelo, sin hacer el más mínimo esfuerzo por levantarse.

-Pues a como estas, espero que no le hayan... quitado las rayas al tigre -Aclamo la joven todavía entre risas.

 

-¿quitado las rayas?, eso es técnicamente imposible

 

Shina rodo los ojos, y las risas cesaron.

 

-Será idiota Long, quise decir que ojala y no le hayan hecho algo indebido, después de todo usted estaba inconsciente, vulnerable, ¿me entiende ahora?

 

Long se ruborizo, y bajo la mirada.

 

-Entiendo, yo... no soy muy bueno para los...¿albures?

 

-Vaya que no, pero bueno, ¿entonces todo bien?

 

-Sí, ¿por qué no debería estarlo?

 

-No confió en esa arpía

 

-Debería dejar que su padre tome sus decisiones, después de todo es un adulto

 

-Tú también y no has acertado muchas veces que digamos -Aclamo la joven iracunda, mientras se inclinaba hacia el hombre en el suelo.

 

-Lo que yo haya hecho o haga no es tu problema -Respondió de igual forma, mientras se incorporaba, ella hizo lo mismo, y sus miradas quedaron fijas una en la otra.

 

-Entonces no te metas en MIS asuntos

 

-Son los asuntos de TU padre

 

De repente la joven se giro hacia la ventana dando la espalda a Long, este enfadado ante la reacción, se encamino hacia ella, con pasos pesados y el ceño fruncido.

 

-¡No creas que vas a terminar esto así como así!

 

No hubo respuesta, la joven comenzó a caminar hacia la ventana.

 

-¡Jane Gado!

 

-¡Que te he dicho pedazo de animal!

 

Se encararon nuevamente, la ira relucía en sus ojos, y casi podía escucharse el rugido bestial que escapaba de sus gargantas, estaban ya a punto de lanzarse uno sobre el otro para arreglar aquel asunto a mucho más que solo insultos, cuando un objeto pequeño y oscuro callo entre ellos, un segundo después todo quedo envuelto en humo.

 

-¿Pero qué diablos?

 

Shina trato de detectar al atacante, estaba claro que aquello era una bomba de humo, u que había sido arrojada para detenerlos, o distraerlos, lo que fuera, alguien la había seguido, los estaba vigilando.

 

-Long -Llamo con cierta angustia, mientras cubría su boca y caminaba a tientas por la habitación. Escucho entonces como el hombre tocio, y se dirigió hacia èl.

 

-He tigre

 

El humo ya comenzaba a disiparse, o al menos ella se había acostumbrado, daba igual, por fin distinguió la figura del hombre a unos pasos de ella, al parecer estaba recargado contra la cama, quizás el humo le había afectado demasiado.

 

Dio un paso hacia el, dispuesta a prestarle ayuda, cuando de pronto, algo golpeo su espalda llevándola al suelo.

 

Mierda -Pensó con enfado, al tiempo en que chocaba contra el suelo, pero su instinto de supervivencia desarrollado desde hace tanto tiempo, le hizo girar rápidamente y esquivar un segundo y mortal golpe. Entonces vio a su atacante.

 

-Tu

 

La mujer de cabellos oscuros y ojos carmesí la vio detenidamente, su rostro era una máscara inexpresiva, y por primera vez Shina pudo notar un aire de parentesco entre aquella joven y el zoantropo del tigre.

 

-¿Quién eres y qué demonios quieres?

 

Shina ya se encontraba de pie y lista para pelear.

 

-Supongo que ya que vas a morir, debo decírtelo... Yehilyn

 

Y sin previo aviso, Yehilyn se lanzo sobre Shina, se iniciaba un combate, y con eso, la nueva era de zoantropos.

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